Luis Santana
Tras Bastidores
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TRAS BASTIDORES (2024)
TRAS BASTIDORES
La serie Tras bastidores (2024-) despliega una reflexión doblemente estratificada: por un lado, desnuda los mecanismos materiales de la pintura para cuestionar su propia naturaleza ilusionista; por otro, convierte ese gesto autoreflexivo en una potente declaración ética sobre nuestra relación con lo vivo, lo sintiente.
Cada obra opera como un trompe-l'œil invertido: donde tradicionalmente esperaríamos la imagen pulida y terminada, el espectador se encuentra con el reverso del lienzo —sus costuras expuestas, los ganchos mal puestos, las imperfecciones de la madera y los rastros del proceso creativo—. Pero esta deconstrucción material va más allá del juego visual: en el intersticio entre bastidor y tela, animales adormecidos (o acaso muertos) aparecen atrapados en la estructura misma de la pintura. No son meros motivos decorativos, sino presencias incómodas que interrumpen la complacencia estética.
Los animales seleccionados portan una carga histórica específica: son aquellos cuyo cuerpo ha sido instrumentalizado por la tradición pictórica (el conejo cuya cola se usaba para fijar el oro en los iconos bizantinos, el huevo convertido en aglutinante para el temple, las cochinillas utilizadas como pigmento carmín, el salmón destinado a la colapiscis). Esta elección transforma cada obra en un manuscrito ético: lo que parece un ejercicio de virtuosismo técnico —recrear fielmente el envés de un lienzo— deviene denuncia de cómo hemos naturalizado el uso de lo animal como recurso desechable.
Mi veganismo aquí no se presenta como dogma, sino como posición política surgida de una contradicción visceral: ¿cómo conciliar el acto creativo con la explotación sistemática de otros seres? La serie no ofrece respuestas fáciles, sino que tensiona los límites entre arte y activismo. Al exhibir lo que normalmente permanece oculto (tanto los soportes materiales del arte como las víctimas invisibles de su producción), estas pinturas convierten el taller en espacio de juicio —y al espectador, en cómplice de una pregunta incómoda: ¿puede el arte seguir justificando su existencia como práctica "neutral" en un mundo en colapso ecológico?
Entre el memento mori renacentista y el ready-made conceptual, Tras bastidores propone una pintura que ya no puede fingir inocencia: consciente de su propia materialidad depredadora, se exhibe como herida abierta y, al mismo tiempo, como posibilidad de reparación. De esta manera el proyecto propone destinar el 10% de las utilidades netas a alguna organización que rescate, cuide o propenda por el bien de animales no humanos.









